El final de un amor

La dimensión temporal de la verdad

La dimensión temporal de la verdad enseña que no existe una verdad universal absoluta. Ésta es una de las razones por las que, lo que hoy es una afirmación, mañana es una negación y no por ello es menos cierto. El lunes puedo jurar que te amo. El viernes puedo descubrir que ya no te amo. Esto no significa que el lunes no te amaba. Te amaba, pero hoy ya no te amo. De este modo, la verdad trasciende lo verdadero y lo falso.

A cielo abierto.

Esta dimensión temporal de la verdad, la encontramos de par en par en la infancia. Cualquier promesa haga un niño, segundos después será completamente desmentida con hechos.
“Mamá te prometo que cuando vayamos a la juguetería no te pediré que me compres algo. Te lo juro por mi hermanito al que sabes que quiero con locura”.
Dejo a vuestra imaginación descubrir lo que ocurre una vez que entran en la juguetería. Pues bien, esta dimensión primaria de la subjetividad humana pone a prueba la paciencia de los adultos, que llaman mentirosos a las pequeñas criaturas. ¿Es aquí donde nace el drama de las relaciones humanas que acaban en traición? Dejo la pregunta abierta para decir simplemente que se trata, una vez más, de lo que está en el corazón de la subjetividad humana, a saber, la dimensión temporal de la verdad. Se trata de una dimensión principalmente inconsciente materializada en la vida común de todos.

El enamora-miento.

Incluso al enamorarnos, nos enfrentamos a esta dimensión, de hecho, cuando al hombre/mujer le asalta el enamoramiento, se introduce automáticamente en esa dimensión imaginaria de lo eterno. Por eso los enamorados se prometen amor eterno. Hasta que la dimensión temporal de la verdad irrumpe introduciendo el fin del amor. Al final, ésta es la verdadera prueba de lo que los amantes creen sentir, osea del amor que creen sentir.

El enamoramiento es uno de los nombres de lo que llamo la dimensión temporal de la verdad, ya que está llamada a extinguirse si no asume otras formas, como la del amor, por ejemplo. Aquí podemos ver una distinción entre amor y enamoramiento. El primero es consecuencia del segundo, al menos en lo que se refiere a las relaciones tormentosas entre un hombre y una mujer. Y es importante en este punto aclarar que, detrás del final de una relación amorosa, está toda la historia de la pareja que trataremos en otro artículo.

Ejemplo de un caso clínico.

M, una chica de 32 años, viene en análisis porque el amor de su vida se ha ido con otra mujer. Llora y sufre porque ha perdido al hombre que ama. ¡Es una pesadilla! ¡No come! No duerme por la noche. Al cabo de dos años conoce a otro hombre del que se enamora. En la sesión dice “por fin he encontrado al hombre de mi vida”. Se acabaron los llantos. Se acabó el sufrimiento.
He aquí la dimensión temporal de la verdad: hace dos años amaba a su ex-novio. Hoy ama a otro. ¿Será que el amor que sentía por el novio anterior no era verdadero? En absoluto. Era un amor verdadero, como lo es el que siente por su novio actual.
El amor se renueva, independientemente de la persona. Esto no excluye el dolor que deja el final de un amor. Para nosotros, es un dolor que, como experiencia singular que se resiste al mundo de las palabras, adopta otras formas dentro del trabajo analítico.

Una elección inconsciente.

Uno cree que elige a la persona a la que ama, lo cual es cómico precisamente porque las elecciones del amor, como las de la sexualidad, son elecciones inconscientes. Por eso también el dispositivo analítico es el único lugar donde es posible reconstruir el ADN de la propia manera de amar y desear.

La anatomia del amor.

El fin de un amor no implica el fin del amor, ya que, entre un y el, hay un mar de diferencia. Esto se debe al simple hecho de que el amor está llamado a renovarse. Para entender algo de la anatomía del amor, ese importante elemento de la vida humana, podemos decir que en el corazón de su constitución encontramos la pura carencia, carencia que es una especie de motor que impulsa al ser humano hacia la búsqueda del otro. Con todas las consecuencias que ello conlleva.
Cuando este núcleo, llamado a permanecer vacío, es llenado por el yo, nos encontramos en el terreno del narcisismo. En este punto, el narcisismo es también del orden del fin de un amor; el fin de un amor porque, como vemos, el amor sólo existe a condición de que su núcleo permanezca vacío. Si no hay necesidad de otro, la humanidad misma corre el riesgo de extinguirse.

Conclusion.

La experiencia de M, mi paciente, actualmente casada y madre de dos hijos, y las diferentes experiencias amorosas de la vida cotidiana, dan testimonio de este punto crucial en la vida de los seres humanos, en el que, el amor está llamado a renovarse.

 

Dott. Edison Palomino

Specialista in psicoterapia psicoanalitica

Consultas en sede y ONLINE.

Cell. 3454534832

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